22 de abril de 2009

[Ficción] Anima: Cronicas de Puño y Hielo (Cap. I-Parte 01)

(Novelizaciones de las sesiones del juego de rol ANIMA: BEYOND FANTASY, que llevo dirigiendo desde noviembre del 2007)

ANIMA: BEYOND FANTASY es © de Anima Proyect


ANIMA: BEYOND FANTASY


~Cronicas de Puño y Hielo~

Introducción
Pahion

El puerto de Hong Kua bullia de vida esa tarde, no solo por el regular de barcos de comercio que llegaban todos los dias desde Shivat o Lannet, o por la llegada de los barcos pesqueros que hoy cumplian la quincena de mareas, trayendo el fruto del Mar de los Niños.
En el aire se respiraban aires llegados desde otros rincones del mundo, como si de ello dependiese la subsistencia de la gente de ahi. Aires que indicaban el cambio a venir, los eventos que volverian a moldear el mundo. Y nuevamente, esto seria provocado por la Humanidad.
...-Muevete!!- sonó la voz detras de la joven shivatense, -Llevo carga!!!...dioses!!!-, y dando un empujón, trato de quitarse esa pequeña del camino, cosa que resulto inútil, debido a que ella sin siquiera mirar, hizo un brinco hacia atrás, con sorprendente ligereza logrando un giro en el aire, por sobre la cabeza del marino, ubicandose finalmente detrás de él, dandole la espalda. El boquiabierto hombre se percato de dos moños en la parte posterior de la cabeza...los llamados bao, ambos atados con pequelas telas estampadas y estas amarradas con cintas delgadas de tonos rosas, que caian lentamente por efecto de tal suave moviemiento. El cuerpo de la joven no parecia estremecerse en lo absoluto por tan subita maniobra, de hecho, parecia como si en todo momento estuviese lista para realizar no solo esa, sino muchas mas.
-Creo que alguien como usted no deberia ser tan grosero, especialmente por que no esta llevando una carga tan pesada- fueron las únicas palabras que la joven oriental mencionó, con un acento muy marcado, pero perfectamente entendible por los ahi presentes. Lentamente se dirigió hacia otra salida del barco, sin dirigir la mirada a nadie.
-Maldita oriental....de que circo se habrá escapado?- diciendo esto, el hombre volvió a acomodarse la carga sobre el hombro y siguió su camino, o por lo menos asi hubiese sido, de no ser que se percató que sus pantalones estaban sin la amarra que los mantenia en su lugar, haciéndolo tropezar y finalmente caer pesadamente, y sirviendole de almohadón a su carga, ante la risa de los otros marinos. -MALDITA!!!- gritó, buscándola con la mirada entre la multitud del puerto. Multitud que parecia no dejar de crecer, ocultando el paso de no solo viajeras orientales risueñas, sino de seres mas oscuros y misteriosos, seres que han seguido a la joven desde su salida de los puertos de Shivat hasta este lugar, donde la ley la escribían todos los dias aquellos que solo saben sobrevivir...

Shivat
En las costas orientales de Shivat no existen tantos puertos como aquellos situados en el Mar Oriental, y menos en estos dias, cuando la mayoría se dirige hacia el Viejo Continente y las costas de Pahion y Dwanholf. Por lo que extraño fue ver en este pequeño puerto pesquero la llegada de aquella elegante, pero antigua nave, con aquella mascada tan paticular de un caballo galopando en olas.
-Un navio de Dafne- dijo un viejo que estaba amarrando su red de arrastre de vuelta a su bote, al darse cuenta de la mirada de los jóvenes que estaban absortos por la imagen que estaba flotando frente a sus ojos.
-De Dafne dijiste?- dijo uno de sus ayudantes, dándose vuelta con dificultad para mirar al viejo, sin perder de vista al navío que se acercaba cada vez más al atracadero, -Pero Dafne queda al otro lado del mar, o no?- mencionó, rascándose la cabeza debajo del sakkat.
-Esa nave es vieja, como yo, pero se nota que ha hecho este recorrido antes, por las marcas del mar en la madera, y las velas con suturas sobre suturas....mmmm...No me pregunto como fue que llegó, sino quien es la persona que viaja en esta nave en particular- dijo, rascándose la barbilla y mirando las señas de la vela mayor y la bandera en el asta central y posterior.


La nave empezó a girar en maniobras de acomodación en el puerto, cosa común para las valientes marinos de la Armada de Dafne. A los minutos la nave estaba recibiendo la rampa para empezar a bajar a la gente. Una pequeña comitiva de guardias pausadamente se ubicó en el exterior, bajando por la rampa, bajando luego un par de mujeres, una vistiendo ropas de alta milicia y la otra de alta nobleza, conversando e ignorando la expectación que provocaban. Detrás de ellas, otra cuadrilla de hombres vistiendo ropajes simples de servidumbre cargaban una cantidad de maletas y bultos que indicaban el propósito del viaje. El viejo pescador comenzó a reirse levemente, sacudiendo la cabeza y apresurándose en ordenar la red. Eran otros tiempos aquellos, pero la nobleza seguía siendo la misma.
En ese instante, comenzo a hacer frío. Un frío anormal para la época...para el lugar del mundo. Los jovenes ayudantes sintieron por vez primera como se les erizaba la piel por causas naturales. El viejo soltó la red y con su mirada hacia el azul del cielo, buscó alguna respuesta a tan súbito cambio de la temperatura. Trató de ubicar la nube, la niebla, el viento, la marea que provocase tal anormalidad. Inconcientemente trató de recordar si le habia hecho el regalo a los dioses que todas las semanas realiza para permitir una buena pesca.


Pero no era eso.
Lo único que se le pasaba por la cabeza, lo único que le descolocaba, lo único que le hacia mirar de manera mas fija el puerto, era el navío recien llegado. Y tanto él, como sus ayudantes y a la veintena de habitantes que estaban en ese momento, pusieron su atención en una jovencita, cubierta con un grueso abrigo blanco, que le cubria la mitad del rostro, pero más extraño aún, vieron el manto blanco de frío polvo que le rodeaba y caía con lentitud, como si fuese polvo de antiguedad que dejase a su paso, polvo que desaparecía a los centímetros del piso.


-Q-q-que es eso, v-viejo?- dijo con asombro el único de los ayudantes que no temblaba tanto.
-Eso, joven aprendiz, es nieve...nieve en las costas de Shivat, provocada por esa jovencita, que nos observa en este momento...- mencionó el anciano, con una semblante tan fria como la mirada que le proporcionaba la niña en la parte superior de una pequeña base de hielo.
-Nieve en Shivat,- pensó el pescador- nada bueno se prevee ahora-




Capitulo I (Parte 1)
Shivat



La mañana de la costa oriental de Shivat había sido muy diferente a las anteriores. Para la fecha, era común ver las gaviotas y los cormoranes sobrevolando las barcazas pesqueras del pueblo. Las familias, aprovechando las primeras horas del día para colgar la ropa lavada y comenzar con el aseo diario de la casas. Los niños aprovechando los primeros rayos del sol para jugar en la playa y roqueríos, recolectando plantas acuáticas para crear recuerdos y artesanías para la venta de los viajeros.
Pero no esta mañana en particular. Esta mañana, la nieve cubría la playa, las rocas, las cabañas, los botes. El muro de piedra que protegía el poblado del las corrientes de vientos de las montañas, hoy eran amenazadoras columnas de blanco hielo, que amenazaba con dejar caer estacas de frío del tamaño de troncos de abedul.
Las mujeres lloraban, alegando a los dioses por esta tragedia. Los hombres estaban rescatando sus embarcaciones del hielo que se formó la noche anterior. Los niños....bueno, estaban curiosos, no sabían si quedarse en sus casas o salir a explorar ese mundo blanco, nuevo y helado. Solamente un pequeño se aventuró en el momento que su madre se distraía y se alejaba de la puerta. Salió rápidamente, con cierto sigilo, y temor. Pero la curiosidad y el llamado a la aventura eran más fuertes que él. El exterior era intenso y helado, y solo salió usando una polera de algodón, la cual fue bastante poco protección como para comenzar a explorar tan desconocido ambiente.
El suelo estaba frío y algo resbaloso, algo nuevo para él, que estaba acostumbrado a sentir la tibieza de la playa bajo sus pies cada tarde. No pudo evitar sonreír y tantear el terreno con sus pies. Avanzó con rapidez, alejándose del pórtico de la casa, en dirección al mar.
Ahí encontró a los hombres, en su tarea de soltar los botes. Buscó donde esconderse, en direccion opuesta. Se dirigió a las rocas donde chocan las olas al atardecer, un sitio de juego de él y sus amigos. Se sorprendió al ver las olas congeladas, haciendo de cuenco transparente que daba la impresión de ser una gran sombrilla de cristal. Se dirigió a ver mas de cerca esa irreal estructura, cuando se sobresaltó al darse cuenta que ya habian visitas en el interior de aquel hermoso lugar. Una reunión se llevaba a cabo en ese momento. Dos personas, una mujer pelirroja, con una larga trenza terminada en un gran broche con un escudo, el mismo que llevaba el costado del navío que había llegado ayer. Era la capitana del barco, que la habia visto ayer en la posadita del pueblo, hablando sobre compras. Junto a ella, estaba una joven vestida de blanco, con un grueso abrigo de piel blanca y felpuda. No le podía ver el rostro, pero si sus largos y blancos cabellos, que caían por los costados del abrigo, y su blanca piel, que parecía jugar con copos de nieve, soplados desde la cupula que la cubría, copos de nieve...los había visto la noche anterior, pero éstos parecía brotar de ella. Se restregó los ojos, parecía increíble, pero era cierto!!. Con cuidado, se acomodó en una roca sin hielo, y trató de escuchar, sin moverse, aunque el frío parecía ir en aumento y le hacía temblar de la cabeza a la punta de los pies.
-Estás segura de que partirás sola?- dijo la capitana, mirando de manera preocupada a la pálida joven, -No conoces a nadie, y Leralal me encargó cuidarte en este viaje-
-Pero el viaje acabó ahora, capitana Rohers- respondió con cristalina voz la contraparte -En este momento, debo tratar de llegar lo mas rápido posible a Lucrecio.-
-Tienes idea de como llegar allá?-
-Tengo un mapa-dijo la joven, continuando con un corto pero incómodo silencio.
-Mmph....como desees, también traigo una noble con nosotras, y debo estar preocupándome más de ella...tu entiendes, no Evangelyngg?- dijo cruzándose de brazos.

-Por supuesto- dijo con una leve sonrisa -Lo importante es que debo empezar a moverme, o convertiré este sitio en un nuevo Bekent, y a los locales no les a gustado mucho eso...bueno, no a todos- dijo volteándose con suavidad y dirigiendo su mirada al niño que estaba pasos mas atrás de ella. En ese momento, él sintió que algo le impedia moverse. El frío de las rocas había penetrado por su cuerpo. O tal vez era el miedo. La joven de blanco le guiñó el ojo, y en ese momento, pudo librarse del hielo y corrió despavorido a su casa. La imagen de la joven, cuyo frío pareciese envolverla en cada palabra, no se borraría de la mente tan fácilmente.
Una imagen que volveria a ver en el futuro, pero con otros protagonistas.


La mañana siguiente, el paisaje causó un impacto mayor que el de los dias pasados. No había más hielo, solo lentas y debiles corrientes de agua que se originaban en el muro de piedra, y que desembocaban en el mar. Las mujeres veían como el calor volvía a la playa y como los botes se hacian a la mar. Nadie de los habitantes de este pequeño pueblito costero podia dar una explicación sobre lo sucedido. Los niños estaban asombrados con la cuenca de hielo que ya estaba derretida a la mitad, por el oleaje que la impactaba. Todos intentaban adivinar el origen de tal evento. Ninguno pudo dar con la verdad. Nadie, excepto un pequeño, cuya mirada estaba serena, fija en el mar.Fría en el horizonte.



Continuara----