22 de abril de 2009

[Ficción] Anima: Cronicas de Puño y Hielo (Cap. I-Parte 02)

ANIMA: BEYOND FANTASY es © de Anima Proyect


ANIMA: BEYOND FANTASY
~Cronicas de Puño y Hielo~



Capitulo I (Parte 2)


PAHION


Aya-Mei se sentia incómoda esa noche, no sabía si era esa extraña comida que se había servido en los comedores de la estancia -extraño el nombre de la misma: guriguris asados-, o bien si era la sensación de estar tan fuera de lugar, de pensar si habia sido una buena idea o no el dejar el Templo Oculto del Risco. Sus ojos estaban cerrados, pero sus sentidos se mantenian ocupados en el ambiente. Ruidos de la calle, animales y vehiculos, olores del comedor, de las habitaciones contiguas, de la tension de su propio ser, variaciones de las luces exteriores, meciéndose con el viento, pausada y lentamente.

Excepto por esa sombra que se había cruzado por la ventana. No abrió los ojos. No hacía falta. El resto de su ser estaba percibiendo cada movimiento. Era alguien sin mucha experiencia en entradas cuidadosas, ya que alcanzó a mover aire en un sentido distinto a como llegaba la brisa.
Sintió como esta figura estaba en el techo, mirándola fijamente, capturando cada movimiento, por si alguna seña se diera de que ella estuviese fingiendo. Aya-Mei se dió vuelta hacia un costado, dejando libre el flanco izquierdo. En el interior, cada fibra de su cuerpo estaba lista para reaccionar, pero usando el estilo que sus maestros le enseñaron: siempre dejando el último movimiento para el final.
La sombra se precipitó hacia la cama, llevando un brillo esmeralda en su mano, en dirección al cuello de la joven shivatense. Nunca llegó a su destino.

Tres segundos más tarde, un cuerpo llacía en el suelo, inconciente. En la cama, Aya-Mei miraba el arma que portaba el agresor. Una lanza corta, algo asi como una wakisashi con mango más largo, pero que no alcanzaba a ser un yari. Sin embargo, el hecho que el filo estuviera hecho entero en jade finamente tallado destacaba más que el diseño del arma completa. El tallado consistía de un sencillo, pero a la vez notorio dragón, viajando a lo largo del filo de la hoja. "Lo mejor será guardarlo", pensó para sí. Rompió el mango de madera y envolvió el filo en un trozo de manta. A su atacante, un joven de unos 16 años, le amarró manos y pies, le amordazó y como maleta de viaje, lo apoyó al lado de la ventana.

Ahora menos podría conciliar el sueño.

A la mañana siguiente, se sorprendió al notar que se había quedado dormida. No sabía en que momento sucedió. De un impulso se levantó al notar que su prisionero había escapado.
No. Había sido liberado.

Aún conservando la punta del arma, decidió salir a la calle, a buscar información. El área del puerto era un buen lugar para comenzar. Le llamó la atención la cantidad de personas que se agolpaban en ciertos lugares, leyendo grandes anuncios clavados en postes y murales. Su latín no era muy bueno, pero una palabra en particular, le llamó la atención:

Tao-Zan.

Por un momento se olvidó de recolectar informacion sobre el arma. Tao-Zan era la competencia anual de lucha que se realizaba en el corazón de Abel, en La Arena. Muchos de los que llegaron al Templo Oculto, eran luchadores de habian alcanzado a participar en este evento, y en los momentos de descanso -los pocos que existían- hacían comparaciones sobre sus experiencias luchando con algunos de los mejores guerreros del Imperio, incluyendo a Kisidan, caballero del Séptimo Cielo. Aya-Mei se hizo asidua oyente de esas charlas, y muy dentro suyo se preguntaba si alguna vez llegaría a luchar en ese lugar, si llegaría a ser tan fuerte como para encontrarse cara a cara con la elite de guerreros. Ahora estaba a punto de averiguarlo.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un choque a la altura de la cintura. Un pequeño niño, llevando algunos harapos y descalzo, se sobaba la despeinada cabeza. Al mirar hacia la joven, el pequeño comenzó a disculparse exageradamente, alejándose lentamente y caminando hacia atrás. Aya-Mei lo miró con cierta intriga, luego con algo de pena ante la imagen de la pobreza que sufrían los niños de este lugar. Pobreza que no le era ajena, puesto que ella misma la había vivido en su infancia, antes de ser llamada a asistir al Templo. Este sentimiento duró lo que se demoró en percatarse que le faltaba su bolsa de cuero con las pocas monedas que traía. "Interesante" -pensó- "podría jurar que las llevaba bien ocultas bajo mi cinto". Sonrió levemente cuando intentó buscar a la pequeña sabandija entre la multitud.

Al notar que era casi imposible tratar de buscarlo a la altura del suelo, Aya-Mei buscó terrenos mas altos. Dirigiéndose hacia un callejón, no tardó en saltar de pared en pared hasta llegar a los tejados. Desde ahí empezó a correr y brincar con tanta facilidad como si estuviese en el suelo. Las estructuras, ampliaciones, no eran obstáculos para ella. Logró interceptarlo con facilidad: su desordenada cabellera destacaba en la multitud, y su ruta la llevaba hacia el área del puerto, para el sector de descarga de los barcos mercantes. Al cabo de unos minutos ya corría a la misma distancia que el pequeño. Sin embargo, decidió esperar para analizar si él estaría solo o no en sus andadas.

El niño corría exhausto, sin mirar atrás. En cierto modo, parecía en parte arrepentido por hacer esto nuevamente. Se había prometido a sí mismo y al Jefe que no lo haría sin tener necesidad. Pero estaba Garaunt. Pocas personas estaban a la altura de este matón, y lamentablemente, logró tener la mala suerte de chocar contra él, de camino a su casa. "Asi que eres el nuevo, eh?" -le dijo elevándolo sobre un etro del suelo de un brazo- "pues sabrás que los nuevos me han de pagar si desean seguir caminando con ambas piernas..." -el niño sólo podia tragar saliva y pedir clemencia- "pues te daré tres días para poder pagarme, o si no, mis 'asociados' se encargarán de buscarte". De esto ya habían pasado dos dias.

La gigantesca mole de carne conocida como Garaunt estaba sentado sobre unos barriles, conversando con dos individuos de dudosa apariencia y mas dudosa reputación. El niño se les acercó jadeando. Apenas se podía las piernas y le dolía el costado del pecho. No alcanzó a respirar hondo, cuando sintió que uno de los matones se colocaba detrás suyo y le sujetaba por los hombros con firmeza. Garaunt se colocó frente a él y mirándolo de reojo le apuntó con su dedo índice a su cabeza.
Aya-Mei se percató que la escena,aunque pública, no llamaba la atención de nadie. Cuando notó que el grandote le iba a poner una mano encima al indefenso menor, no se contuvo y se dejó caer entre ellos.
Literalmente.

Ni bien se habia incorporado, y reconoció el rostro del lider del grupo. Era el mismo que iba saliendo del barco con ella, el día de su llegada, y que tan educadamente le pidió moverse de su camino. Ella solo sonrió.

-"Deja al niño en paz." -dijo secamente, mientras se ponía de lado.
-"Pero mira a quien tenemos aqui...a la apestosa oriental que no deja pasar a los esforzados trabajadores de puerto." -respondió la mole.
-"No sabía que los 'trabajadores de puerto' tambien gustan de molestar a los niños indefensos." -sólo ganaba tiempo para ver la situación alrededor suyo y de esa manera no poner en riesgo al niño.
-"Tu no sabes como funcionan las cosas aquí, pequeñaja" -dijo mientras se acercaba amenazadoramente a la joven shivatense, mostrando la comparación sustancial de tamaños entre ambos- "sólo lograrás que te hieran..o algo peor.." -su sonrisa era tenebrosa, pero no causaba mella en su corazón.
-"Me dices que si no me retiro... me harás daño?" -por un instante, ella dejó de mirarlo y su vista hacia el suelo, y luego al niño, quien estaba aterrorizado ante la escena, hasta que se percató de un brillo en los ojos de ella, y un guiño...eso fue todo.
En un calculado movimiento, Aya-Mei bajó su cuerpo lo suficiente para ganar el impulso necesario para poder dar un brinco, el cual lo logró con una agilidad increíble, y pasó por sobre la cabeza del gigante.
Éste no tuvo tiempo de reaccionar, y al darse vuelta, la patada ya venía a mitad de camino. El impacto fue pleno en el rostro, logrando variarle el centro de gravedad, y dejándolo bamboleándose. Tuvo el tiempo suficiente para acercarse en un instante al matón que sostenía al niño, y con suma precisión lo tomó de las ropas y lo usó para acercar el rostro del malhechor directamente a su codo erguido. Habiendo soltado a la presa y cayendo hacia atrás con el rostro cubierto de sangre, no demostraba ser mayor amenaza ya. Aya-Mei miró por el rabillo al otro matón, quien todavia no se percataba de lo que ocurría. De camino a reducirlo, aprovechó de patear las piernas por el interior, a la altura de la rodilla a Garaunt, quien solo pudo gritar ante el crujir del impacto. El siguiente hombre cayó al suelo mas rápido que el anterior.
El combate no duró mas de cinco segundos.

La gente de alrededor, miraba sorprendida a aquella muchacha que con tales movimientos logró reducir y dejar fuera de combate a Garaunt y sus hombres. Aya-Mei no se dió cuenta de la gente, y empezó a acercarse hacia aquél que la estaba amenazando hacia unos momentos. Se aproximó hasta quedar al lado de su oído.
-"Ya veo como funcionan las cosas aqui"-dijo en un susurro.
-"No será la última vez que nos veamos niñata" -apenas murmuró el caído gigante, mientras sacó de la nada un cuchillo y en un inesperado movimiento, trató de alcanzar el cuerpo de la joven. Ella logró esquivarlo, pero alcanzó a cortar algo de la camisa que llevaba. Asi de rapido que se movió, fue como tomó la mano de su atacante y de una sola sacudida le botó el arma y rompió la muñeca en un fuerte chasquido.
-"Ojalá que te equivoques...por tu bien" -finalizó, mientras le presionó con una fuerza sorprendente el hombro, haciéndole crujir el hombro y empujando el cuerpo hacia el suelo.

-"Vamos" -le dijo al niño que apenas podía reaccionar por la escena recién ocurrida. No sabía como eaccionar ante aquella joven que le acababa de robar. Instintivamente sacó un pequeño filo desde su cinto. Sin embargo, la miró, y unos lagrimones le asomaron por los ojos. Botó el arma. Aya-Mei no sabía como reaccionar ante eso. El niño miró nuevamente a los matones. Se secó las lagrimas y se acercó a la joven, como entendiendo por fin lo ocurrido.

-"...pero..."- dijo apenas -"..estás herida.."Aya-Mei se percató de que el tajo había alcanzado algo de la parte inferior de la costilla. No era de gravedad, pero definitivamente la tela se había arruinado con la sangre.
Aya-Mei se sorprendió. No sabía como mirarlo. Sin embargo, supo que decirle.
-"Tengo hambre...y tu me debes dinero" -el niño solo tragó ante lo dicho- "creo que si me muestras los alrededores y me invitas a comer algo..luego de limpiarme un poco, podríamos quedar a mano, no crees?".
-"Emmm...pues verás..."-dijo mientras se ponía ambas manos sobre su estómago, el cual se quejó con un sonoro rugido-"..yo también tengo hambre..."-y la miró, con el rostro enrojecido por la pena-"déjame llevarte a un lugar en el que te puedan ayudar con tu herida...vale?"-su expresión solo mostraba inocencia, una que llegó tocar una fibra del interior de Aya-Mei. No pudo resistir sonreir.
-"Está bien, señorito...."
-"...Morris, me llamo Morris (y no me digas señorito), y tu eres..."
-"Aya-Mei, mucho gusto"
Morris le regaló una amplia sonrisa.

-"Aya-Mei.."
-"Dime Morris"
-"Has probado los guriguris?"
-"......"-

Y compartiendo esa tarde con ese niño en particular, Aya-Mei empezó a comprender que su lugar era ahí, con aquellos que pudiesen necesitarla.

No podía estar mas en lo correcto.

Continuará---