2 de noviembre de 2015

Desafío de los 30 días: Pregunta #2

Imagina un pueblo al que vamos a llamar… Homlet. No, Homlet sería demasiado obvio. Vamos a llamarle Highdell. Highdell es un pueblo que llega casi a la categoría de ciudad, si no fuera por que todos sus habitantes siguen llamándole “el pueblo de Highdell”. Esta rodeado de montañas, sin encontrarse en un sitio escarpado. Esta cerca del mar, sin tener puerto. Y lo atraviesa un camino comercial, sin ser una ciudad destino. En ese pueblo-ciudad, en el que de vez en cuando descansan grupos de aventureros, existen numerosos locales que les resultan interesantes, tanto a los habitantes como a los propios aventureros, aunque estos vayan de paso.
¿Qué local/edificio es el que está pasando por tu mente?


Imagen de Puppet Show 3




"Cuando decidí pasar la noche en Highdell, no pensé que en tan poco tiempo habría cambiado tanto, desde que le habíamos acabado con esa peste de trasgos en sus catacumbas, sin saber que protegían antiguas minas de gemas...bueno, parece que les ha ido bien.
Junto con Faerhn, la media elfa que me hizo un juramento de vida por salvar la suya, me empecé a percatar de las luces de la gran cantidad de farolas que la ciudad albergaba..el camino comercial estaba ahí, pero la ciudad parecía haber crecido alrededor de ella, como ver una colonia de hormigas rodear un trozo de melón dulce de la montaña.
Varias carretas parecían seguir llegando, a pesar de lo avanzada de la noche.

-Esto no me parece bien- dijo Faerhn,como si parte de ella le advirtiese con un aroma invisible a mi. -La noche es serena, pero siento agitación en esas calles, hay que ir con precaución.
-Tranquila amiga mía, sabes que siempre velo por estas situaciones- digo con mi actitud tranquila.
-Es por eso que te advierto, Durgan, porque te conozco.-

Azoto el caballo y acelero a la entrada de la ciudad, con esa tibieza que me da en el pecho cuando sé que me meteré en problemas.

Ya entrando a la calle principal, Avenida de Comercio, noto que recién algunos locales están cerrando, pero otros parece que están abriendo sus puertas. Tabernas, herrerías y armerías parecen sacar recién sus mercancías a la luz. Mucho de esto me resulta desconocido, más no la Avenida. Cada sector de ella que estaba cerca de Highdell parecía antes tener las cicatrices de las batallas de los trasgos con los desdichados que se acercaban a la entrada a su catacumba, a su tesoro, la cual estaba tras una formación rocosa, a menos de doscientos metros al oeste de la segunda curva de la Avenida antes de desaparecer tras un valle. Hoy, me costaba realmente ver donde estaban esas curvas, y de lo que había sido la entrada al tesoro trasgo...hasta que me percaté de aquel edificio, aquel que destacaba entre todos...y el muy maldito estaba construido sobre la mina!!

La posada "Tres Cocatrices Borrachas" daba por su nombre que no era realmente un lugar de recreación familiar, pero era todo lo contrario, un gran edificio de cuatro pisos, con base de piedra -probablemente un subterráneo que lleva aún a las catacumbas- y luces en al menos dos niveles sobre esa. Antes de entrar se sentía el aroma de la cerveza de la montaña, la tibieza del aire pesado y el ruido de aquellos que se reúnen luego de mucho tiempo...todo aquello ajeno para mí.
Luego de pasar la entrada, se podían ver los escudos en la pared, a mano derecha, que indicaban aquellos personajes legendarios que habían llegado ahí. Al menos siete de diez me eran familiares, por lo que debía estar alerta, ya que no eran lo que yo podría decir "amigos míos", luego de tener distintos encuentros que manifestaban nuestras diferencias...a base de golpes y sillas rotas en la espalda.
El sonido de las mandolinas y laudes inundaban el piso. Todo parecía iluminado por un par de candelabros que aun tenían velas chorreantes prendidas.
Un par de elfos parecían entretener a la audiencia con alegres tonadas de los pueblos cercanos a los ríos del oeste, y al calor de dos enormes chimeneas, en las que calderos mantenían los brebajes alcohólicos se mantenían tibios para tomarlos con cucharones con la capacidad de llenar una pinta. Armas puestas como decoración, para cuyo ojo educado sabían reconocer a quien les pertenecía: una gran hacha de las forjas de la Montaña bajo la Montaña, dos arcos tallados en maneras druídicas en maderas de tonos mixtos (mala señal, ya que indica que su o sus dueños están vivos aún) y varias espadas cortas de similar diseño, por lo que parece que varios guardias se han gastado más que su sueldo en apuestas. Algunas mesas con comida servida y jarras de pintas de cerveza se hallaban en algunas partes, apiñadas en las orillas, pero no pareciese que la cocina estuviese aquí.



La tonada seguía y podía darme una vuelta más en los pisos superiores, donde parecía que el olor de la cerveza se hacía más intenso, junto con el de las piernas de cerdo de pantano.
El comedor oficial estaba aquí, donde el ruido del piso inferior era menor, y el calor de una extensión de las chimeneas daba un poco de ambiente mas hogareño, aunque era más oscuro por la ausencia de candelabros, y aún así habían tres antorchas de olla en las paredes oscurecidas. Habían ventanas, pero estaban cubiertas con gruesas cortinas. A las pocas personas que aquí comían parecía no molestarles nada de esto, y estaban muy ocupadas en sus tiestos y jarras. Un mesón al final parecía ser donde armaban los pedidos, ya que vi pasar a un par de camareros bajando jarras de vino y cerveza y piernas de cerdo doradas por el fuego. Cada rincón era una invitación a encontrar un trozo de una historia que al ojo común no tenía sentido. Pero para mí si lo tenía. A cada momento me parecía más y más recordar eventos que nos llevaron a lograr desparasitar de criaturas esa mina.
Al costado del mesón el último juego de escaleras, que llevaban probablemente a los dormitorios.

Antes de continuar, mis entrañas me decían que debía inspeccionar el piso inferior, la entrada a la antigua caverna de los trasgos, y solo por "curiosidad" ver si seguía siendo una mina de joyas. Sin embargo, y aunque pareciese que en cada momento veía más elementos que captaban mi atención, algo más grande se encontraba frente a mí.

Era el dueño del bar, seguramente, y sabía exactamente quien era.
Aquel tipo que nos contrató en un principio para derrotar a los goblinoides.
El que nos traicionó dejando a mi equipo y a mi abandonados frente al líder de los trasgos.
El que provocó la muerte de todos, menos de mí, y que en represalia me llevé el "Corazón del Dragón", un rubí del porte de la cabeza de un bebé, el cual es todavía mi seguro ante cualquier cosa que me pasase.

Y ahora parecía que iría a ocurrir. 
Tal cual como mi amiga me lo advirtió."